le dice #NoALaGuerra

¿A qué juega Kenji Fujimori?

El hijo menor del exdictador Alberto Fujimori despliega una estrategia política y de comunicación muy bien armada. Quiere pintarse como el demócrata, como el reconciliador que quiere la gobernabilidad del país. No le creo. 

Cecilia Niezen

Publicado: 2018-01-04

Kenji salvó al Perú de las garras de una mayoría fujimorista en el Legislativo que quería vacar al presidente PPK. Kenji consiguió nueve votos de la bancada fujimorista (Fuerza Popular) para que no voten ni a favor ni en contra de la vacancia presidencial. Hoy, el hijo menor de Alberto Fujimori juega al samurai y llama “avengers” a los congresistas que le dieron su apoyo ese día. "Los héroes que salvaron la democracia y cambiaron la historia", ha escrito en su cuenta de twitter. Y yo no le creo nada. 

Tras el indulto ilegal a Alberto Fujimori, la noche del 24 de diciembre, quedaron claras las intenciones de Kenji. No le importa la democracia, la gobernabilidad, ni el Estado de derecho. Le importaba liberar a su padre de prisión y lo logró vía un canje político (te consigo abstenciones de congresistas, pero otorgas el indulto 'humanitario' a mi padre) que se cocinaba desde mucho antes. Y tal cual, el canje se concretó de una forma tan vergonzosa como surrealista para muchos peruanos. 

Los que el día 21 de diciembre defendíamos a PPK de un golpe del Legislativo, respiramos cuando no procedió la vacancia. Incluso, hasta muchos agradecieron al bloque de congresistas fantásticos de Kenji pues fue determinante para que no proceda la vacancia presidencial. Pero, ¿eso salvó a PPK de las garras del fujimorismo y del autoritarismo? No. Todo estaba preparado. El 24 de diciembre el presidente otorgaba el indulto humanitario y la gracia presidencial al exdictador Alberto Fujimori, y acto seguido, llamaba a los jóvenes a pasar la página y no quedarse en los sentimientos negativos del pasado. Hablaba de la reconciliación del país. 

Atrás quedaban los estudiantes de La Cantuta asesinados por el Grupo Colina. Los muertos en la masacre de Barrios Altos (15 personas asesinadas, una de ellas Javier Ríos, un niño de oho años). Atrás quedaban las torturas en el Servicio Nacional de Inteligencia y otros crímenes que tal vez desconocemos. Atrás quedaban los secuestros, la prensa comprada por el fujimorato, los cambios de camiseta política por un costal de dinero, el Poder Judicial capturado...  

Queda claro una vez más que la vida de unos vale más que la de otros. O que la vida de algunos, para nuestros representantes políticos, no vale nada. Eso hasta que te pase a ti. Eso hasta que te topes con una justicia capturada o saboteada por los poderes de turno. Eso hasta que llores y luches por justicia así haya pasado 25 o 50 años o toda tu vida. 

Hoy el panorama es incierto. Kenji Fujimori habla de reconciliación. Mercedes Aráoz, con la 'gran' sensibilidad que la caracteriza, habla de reconciliación (¿pensabas que iba a renunciar?). PPK habla de reconciliación. Algunos lobbistas muy acomedidos piden pasar la página rápidamente y mirar el futuro con optimismo. ¿Podrían mirar ellos el futuro con optimismo si los crímenes de sus hijos quedasen impunes? ¿Si la justicia hizo su trabajo metiendo preso al autor mediato de esos crímenes y luego es indultado de la manera más irregular y al canje? Reconciliación es mirarnos igual, para empezar. Es alcanzar justicia y eso no se negocia. 

Al Ejecutivo se le cayó la máscara. Somos testigos de cómo mintieron (PPK y Aráoz: "un indulto no está en nuestros planes, no es negociable"). Hoy Kenji se las da de reconciliador. Se las quiere dar de  'gracioso', de 'pacificador', de 'el que busca la democracia'. Y no. El planeó la estrategia del indulto a su padre. Tal vez no se le veía en el Congreso condicionando normas porque su estrategia era otra. Era ser el amigo de todos. Especialmente del presidente PPK. Él hizo y difundió aquel video en la clínica Centenario para mostrar a un exdictador, supuestamente en la UCI, que nos dé lástima. Y muchos cayeron en el juego del menor de los Fujimori... que vale decir, no es un juego. Es una estrategia muy bien armada, con fines políticos tal vez más agresivos de lo que pensamos. Después de todo, Kenji es el heredero (predilecto) del exdictador. Y no se prepara para ver a su papá cuidando a sus nietos. No. Se prepara para el poder. Y sea Kenji o Keiko (hoy con una posible prisión preventiva y aparentemente debilitada políticamente), son Fujimori. 

PPK armará su Gabinete (supuestamente) de reconciliación en estos días, y mientras todo este caos y captura del Gobierno por el fujimorismo se 'normaliza' (ojo: las calles resisten por una política limpia), miles de personas continúan en carpas o viviendas muy precarias en el norte del país. A muchas de esas personas les prometieron una reconstrucción con cambios que nunca llegó. Las lluvias empiezan. Llueve sobre mojado mientras Kenji hace payasadas, PPK es como un holograma capturado, y Keiko trata de salvarse de los cada vez más evidentes vínculos/aportes de Odebrecht a su campaña de 2011. Un panorama realmente desolador, donde la esperanza puede ser ese grupo cada vez más grande que sale a las calles a decir basta. Que expresa que no está dispuesto a aceptar un indulto canje ni una política cuya regla principal sea el pago bajo la mesa.  

 


Escrito por

Cecilia Niezen

Periodista interesada en temas económicos, sociales y ambientales. Espacio para compartir información e ideas. @cniezen


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